Trump, más de lo mismo

Desde la segunda guerra mundial, los principales grupos de comunicación, controlados por las principales empresas, han intentado hacer creer a la población europea y norteamericana que el partido azul y el rojo eran las únicas opciones lógicas y sensatas, sin extremismos, y que esa alternancia era muy positiva y democrática porque ambos partidos eran muy diferentes.

Pero lo cierto y verdad es que si algo ha quedado más que demostrado tras la caída de Lehman Brothers es que esa ‘mentirijilla’ ya es imposible de creer.

El partido demócrata y el republicano se parecen muchísimo a efectos prácticos y ambos, como en Europa, tienen un discurso progresista (solidaridad, cambio, unión, humanidad…). Pero la realidad de sus acciones dista mucho de eso.

Por eso se ha producido el auge violento de la extrema derecha y los antisistema en Europa y de Trump en EE.UU., así como la aparición pacífica de partidos posteriores a las primaveras árabes y los movimientos 15M en el viejo continente y los ecologistas en Norteamérica.

La hipocresía del establishment está revolviendo a los países de la OTAN.

Lo único bueno, en mi opinión, es que Trump va a acelerar el despertar de la conciencia de buena parte de la sociedad civil. Y el único consuelo, por intentar encontrarlo, es que su política exterior no va a ser peor que la endemoniada que ya llevaron a cabo los Bush, porque es el Pentágono quien tiene realmente la última palabra.

Lo peor, entre tantas cosas malas, lo va a sufrir la gente que vive en países empobrecidos y con inestabilidad porque se van a quebrantar sus derechos, aún más.